viernes, agosto 25, 2006

(25.08.06)

Veinte noches has de esperar
en una sofocante soledad,
clavada en tu pecho,
destruyendo tu vida
y desgastando los sueños.

Vives por la noche
y mueres al amanecer;
tu vida, su tentación;
su sangre, tu sed.

Oculto en las sombras
vagando en las tumbas,
viviendo a su lado
tu energía has gastado.

Blanqueada tu cara
por la brillante plata,
despiertan tus ojos carmesí
y se liberan tus intenciones
y deseos de sobrevivir
como un inmortal más.